“En ella los actores han sido encargados por Dios de desempeñar un papel concreto y limitado, recitando cada uno el número de palabras necesarias para que resulte el breve intermedio, y ejecutando todos ellos los gestos indispensables. Janamel tiene que decir: Compra mi campo; Jeremías contestará: Lo acepto; el escriba levantará acta de la venta; los testigos la firmarán. Y finalmente, es también Dios el que da la lección de esta fábula mímica; ¡ Esperad! Aunque todo en ellos y alrededor de ellos esté gritando por la desesperación, los actores aceptarán la lección. Pero Jeremías, antes de que sea conocida esa lección, antes incluso de que él mismo la inscriba en el corazón de su pensamiento vibrante, tiene un maravilloso sobresalto. Va ejecutando meticulosamente su papel, pero luego se levanta ante Dios para dirigirle una larga plegaria, un verdadero desafío que le lanza para que explique lo inexplicable, para que deje de jugar con el destino de los hombres…” ANDRÉ NEHER