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La tercera
reunión fue en una banquita de la calle Bolívar, se reunieron a la hora del sol
hiriente, apretujados en la estrecha banca cuidaban cada gesto y movimiento,
para evitar sospechas no cubrían su faz de la tórrida mañana; hablaban bajito como
no queriendo ser escuchados. Idéntico empezó:
IDÉNTICO:
miremos en el tiempo la forma del helado, luego en el helado la forma del
espacio, luego en el espacio la forma del tiempo. Miremos el helado derretirse
como a un hombre mira el sol derretirse. Sobre el cono pongamos nuestros ojos,
como oyeron caballeros, nuestros ojos.
RECORDADO: mis
ojos se los llevan se los están llevando.
ALGUIEN: aquí
no hay nadie y nada tiene sentido Recordado.
RECORDADO: si
mis carnes se derriten es que hay alguien. ¿No hablaba Idéntico del sol?
ALGUIEN:
Idéntico decía que miráramos el sol en la forma del helado.
IMPACIENTE: y
el helado se derrite y se derrite
ALGUIEN: solo
hay que hablar un poco más, cubrir el cono un poco más, como esos lienzos que
Duchamp dejaba en el techo mientras jugaba ajedrez… piensa en que pasan las
personas y nunca han sospechado que alguien habla un poco más, que alguien
cubre un poco más su desdicha helada
RECORDADO:
Alguien está impaciente
IMPACIENTE:
solo quiero que el pinche helado se derrita, quiero ver las cuencas de mis ojos
con mis propios ojos sobre el cono
RECORDADO: no
quiero adelantar revelaciones pero sé de muy buena mano que el helado nunca se
derrite. Es más, no necesita ojos que lo cubran o sol que lo derrita, tampoco
el frío lo puede consumir, el helado ha estado y estará cubriendo ese vacío y
riendo indiferente ante todos nosotros.
ALGUIEN: el
helado se derrite.
IMPACIENTE:
es cierto, el helado se derrite.
IDÉNTICO: el
helado se está derritiendo
RECORDADO: el
helado nunca se derrite.
ALGUIEN: el
helado se ha derretido
IDÉNTICO: es
la hora cofrades míos, pongan sus ojos y ya dejen de hablar, pongan sus ojos y
miren desde el frío la desolación de los hombres sin mirada, de los hombres de
cuencas que rebosan por tanto y tanto vacío; pongan sus ojos cofrades míos sobre
este inicuo barquimiel que no previó, como nosotros prevemos, el infinito
desbalance entre un planeta por llenar y un hombre perversamente llenado.
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